Me llamo Miguel Angel y llevo 36 años siendo carnicero. Entre en esto porque en la familia criábamos cordero manchego, alimentados con nuestros propios piensos y era una buena salida comercial.

Sin tener ni idea de elaboraciones, poco a poco fui probando a hacer mi propia receta de chorizo, un poquito menos de pimentón y un poquito más de clavo, preguntando a los clientes. Hasta conseguir dar con la «receta perfecta».

Y como queremos que si compras una morcilla de las nuestras, siempre esté como tú esperas, sin sorpresas, no dejamos nada al azar y medimos al gramo, las cantidades de cada ingrediente.

Tengo claro que la gente acude a mí pequeño negocio, porque sabe que lo que se lleva, va a estar bueno y le va a hacer quedar muy bien con su familia, amigos o donde quiera que sirva nuestros productos.

Lo que más me gusta de mi trabajo, es cuando el cliente vuelve y me dice:

«Miguel…, esas chuletas que me llevé para la barbacoa en casa de mi cuñado…. estaban de muerte»

Ese tipo de cosas, son las que me dan ganas de levantarme cada día con las gallinas y acostarme cada noche terminando de preparar un morteruelo.

Siempre con la ayuda de Yolanda, o Yoli como la conocemos todos, que vale oro y que muchos jefes matarían por tener una empleada así.

Y por supuesto y que no falte, siempre tratando de ver la vida con el mejor humor. Porque una vida sin alegría, ni es vida ni es na.